Espiritualidad Teresiana

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Ana Ma. Cámara y Josefina Valdés, stj

En su infancia, la experiencia humana más fuerte de Teresa es “sentirse la más amada y querida”. Se le escapa varias veces la expresión y lo hace refiriéndose a su padre, a sus hermanos, a sus amigos. Tenía una buena autoestima de sí misma. Éste es un proceso que se inicia con el nacimiento y termina con la vida. El cariño y respeto hacia uno mismo depende, entre otros factores, de sentirse digno de ser querido y saberse valioso.

La manera como la persona aprende a mirare y a valorarse es una experiencia de como fuimos mirados y valorados en la infancia. Se conoce una buena autoestima cuando tiene:

  • seguridad y confianza en sí mismo,
  • aceptación de límites y capacidades,
  • contento y gozo,
  • optimismo realista.
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